Juego

Bego López Hidalgo

Bego López Hidalgo

15.03.2025 - 26.04.2025

Juego
Fechas: 15.03.2025 - 26.04.2025
Artista: Bego López Hidalgo
Hubo un tiempo en que la magia no dependía de pantallas ni estaba confinada a los espectáculos o a los trucos de manos hábiles. Un tiempo en que los secretos se resguardaban en libros polvorientos y en gabinetes de maravillas, donde las fronteras entre la ciencia, el ilusionismo y lo sobrenatural eran tan delgadas como el papel de un naipe. En esa época, los mapas cartografiaban criaturas imposibles, los gabinetes de curiosidades albergaban reliquias insólitas y los juegos no solo entretenían, sino que abrían portales a otros mundos. A través de estos objetos, la artista nos recuerda que la verdadera magia es una invitación a mirar más allá de lo evidente, a descubrir lo oculto y a jugar con ello. Y todo esto lo logra con el encanto de lo artesanal, el alma de lo manual y la calidez de lo hecho a mano. La palabra «juego» es aquí un puente entre la infancia y la creatividad, entre la ilusión y el artificio. «Juego» es un homenaje al asombro. Como un mago que despliega sus cartas, la artista nos invita a adentrarnos en su particular gabinete de curiosidades, un espacio donde los saberes antiguos coquetean con lo fantástico. Aquí se despliegan mapas de tierras remotas y criaturas que quizás nunca existieron, ilusiones ópticas que desafían la vista, imágenes estereoscópicas que nos obligan a mirar dos veces. Nos incitan a buscar lo oculto, a descubrir rostros en las sombras y figuras en el caos, como si el papel mismo escondiera secretos a la espera de ser revelados. Son fragmentos de un mundo que una vez creímos mágico y que, con el tiempo, hemos ido desmontando pieza a pieza. Pero jugar es también un acto de memoria. Los juegos de nuestra infancia, aquellos que nos hicieron soñar y perdernos en reglas sencillas pero infinitas, resurgen en estas obras. Son el vehículo para conectar con nuestro niño interior, el que se asombraba ante lo imposible y se perdía horas en laberintos de fantasía. Cada pieza es una invitación a disfrutar la nostalgia de los juegos de antaño, donde no importaba ganar o perder, sino la experiencia misma del juego. También están los cuentos, esos umbrales invisibles que nos llevaron a otras dimensiones cuando éramos niños: la casa arrastrada por un tornado, la rueca que duerme princesas, los hombres grises que roban el tiempo. No son solo escenarios o elementos simbólicos, sino los detonantes de cada historia, los portales que transportan a sus protagonistas a otros mundos. Estas obras nos recuerdan que las historias, antes de que la realidad se convirtiera en un conjunto de datos verificables, fueron la clave para entender el mundo y creer en lo extraordinario. La inclusión de pájaros y una pajarera adornan el espacio como un guiño al acto de atrapar lo inasible y, al mismo tiempo, celebrar la libertad de volar, de soñar sin restricciones, de conectar con un mundo más allá de lo visible. El aire retro-victoriano de la exposición refuerza la sensación de estar viviendo un sueño que, aunque amenazado por la tecnología, sigue siendo tan cercano como lo era en la infancia. Hoy, en cierto modo, hemos perdido esa capacidad de asombro genuino ante lo inexplicable. Pero la magia sigue ahí, esperando ser redescubierta. Como en los viejos trucos de ilusionismo, esta exposición nos invita a jugar con la percepción, a cuestionar lo que vemos y a descubrir la magia que aún se esconde en los detalles. Porque la verdadera ilusión no está en el truco, sino en la capacidad de creer, por un instante, que lo imposible puede ser real.
Texto: Anabel Zunino

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